Beisbol Mundial.- Todo parecía bajo control para el «Dream Team». Llegando a su último juego de la fase de grupos del Clásico Mundial de Béisbol 2026, la selección de Estados Unidos lucía imbatible. Habían despachado a México —su rival más duro en el papel— y solo necesitaban vencer a Italia, un equipo que tradicionalmente no es considerado una potencia, para asegurar un paso perfecto de 4-0.
Nueve entradas después, el marcador en Houston dictaba una realidad paralizante: Italia 8, Estados Unidos 6.
No solo fue una declaración de autoridad por parte de los europeos, sino que se consumó una de las mayores sorpresas en la historia del Clásico Mundial. Los estadounidenses salieron como amplios favoritos (por 5.5 carreras en las casas de apuestas), pero increíblemente llegaron a estar abajo 8-0 en la pizarra.
Hoy, Italia marcha con un inmaculado 3-0 y puede asegurar la cima del Grupo B si vence a México este miércoles. Mientras tanto, el roster plagado de superestrellas de Estados Unidos (3-1) se encuentra en serio peligro de ser eliminado antes de la fase de nocaut.
El fantasma del desempate y la dependencia de México
El futuro de la escuadra de las barras y las estrellas cuelga de un hilo y dependerá del choque entre Italia y México. Con Gran Bretaña y Brasil ya eliminados, así está el panorama:
- El escenario ideal para EE. UU.: Una victoria de Italia. Esto dejaría a México con marca de 2-2, clasificando automáticamente a italianos y estadounidenses.
- La pesadilla: Si México (un equipo superior en papel) vence a Italia, habría un triple empate en la cima con marca de 3-1, activando los complejos y siempre dramáticos criterios de desempate del torneo.
¿Cómo un equipo tan poderoso terminó rogando por ayuda?
El béisbol de torneos cortos no perdona, y la historia del WBC nos lo ha enseñado: EE. UU. nunca ha superado una fase de grupos invicto, y equipos dominantes como la República Dominicana del 2023 se fueron a casa temprano con un 2-2.
Sin embargo, lo de este martes fue una acumulación de errores garrafales. Durante seis entradas, la ofensiva estadounidense brilló por su ausencia, el mánager dejó a bates letales en la banca, el pitcheo abridor fue sacudido con cuadrangulares y la defensiva cometió un pecado imperdonable. Simplemente no puedes cavar un hoyo de 8-0 y esperar salir vivo.
¿Culpa de Mark DeRosa o exceso de confianza?
Muchos cuestionarán si el mánager Mark DeRosa subestimó el compromiso. Las rotaciones en el lineup levantaron cejas desde el inicio: Paul Goldschmidt jugó en lugar de Bryce Harper, Will Smith por Cal Raleigh, y Ernie Clement entró por Alex Bregman o Brice Turang. Aunque Pete Crow-Armstrong fue titular sobre Byron Buxton (y terminó siendo la figura ofensiva con dos jonrones), la decisión de sentar a Harper en favor de Goldschmidt a estas alturas de sus carreras es difícil de justificar.
Sin embargo, el desastre principal vino desde la lomita. El abridor Nolan McLean fue castigado con tres carreras en tres innings tras permitir cuadrangulares de Kyle Teel y Sam Antonacci. Luego, Ryan Yarbrough concedió un bambinazo de dos carreras a Jac Caglianone.
La estocada final llegó en la sexta entrada: un error en el tiro del relevista Brad Keller, en lo que parecía una rola rutinaria para doble matanza, abrió la puerta para tres carreras más de Italia. Ese error de Keller no solo costó el juego, sino que podría ser letal en los criterios de desempate por carreras permitidas.
El despertar tardío de las estrellas
El crédito también debe ir al pitcheo italiano. Michael Lorenzen silenció a la poderosa ofensiva local durante 4 ⅔ entradas en blanco.
No fue sino hasta la séptima entrada que EE. UU. dio señales de vida. A pesar de la bravía reacción, los grandes nombres fallaron a la hora cero: Aaron Judge se fue de 4-0 y se ponchó para terminar el juego representando la carrera del empate, mientras que Bryce Harper, quien entró como emergente en la octava, falló con un elevado dejando a dos corredores a bordo.
Ahora, el equipo más talentoso jamás ensamblado por Estados Unidos en un Clásico Mundial tendrá que sentarse a observar. El destino de sus superestrellas está en manos del abridor italiano Aaron Nola y del mexicano Javier Assad. Así de cruel y maravilloso es este deporte.