St. Louis Cardinals

¿Dictador del diamante? El ridículo abuso de poder por una gorra en Colorado


Beisbol Mundial.- La regla de oro del béisbol es clara: si el protagonista del juego es el umpire, algo anda muy mal. Doug Eddings se encargó de arruinar su propia noche el viernes en el Coors Field, montando un espectáculo egocéntrico e innecesario. Durante la victoria de los Cardinals 7-6 sobre los Rockies, el umpire de home obligó al relevista Hancel Rincón a enderezar su gorra, la cual llevaba ligeramente inclinada hacia la izquierda en pleno debut en las Grandes Ligas.

El mánager de San Luis, Oliver Mármol, no tardó en salir a defender a su novato. Mármol calificó la orden de Eddings como un «movimiento hambriento de poder» y reveló la arrogante justificación del árbitro, quien aseguró que el chico «no va a usar su gorra en mi campo de esa manera». El capataz no dudó en recordarle que figuras históricas como Pedro Strop, CC Sabathia o Dontrelle Willis han lanzado con la gorra mucho más inclinada a la vista de todos sin que nadie los censure.

La polémica se agravó ante las flagrantes contradicciones del propio Eddings. El umpire admitió ante la prensa que no existe ninguna regla oficial sobre la inclinación de las gorras (la Regla 3.03 de MLB no especifica nada al respecto), pero justificó su intromisión inventándose una «regla no escrita» y escudándose en que el bateador de los Rockies, Hunter Goodman, le había preguntado si eso estaba permitido.

Esa coartada se desmoronó en menos de 24 horas. El propio Goodman desmintió categóricamente a Eddings el sábado frente a los reporteros: «Nunca mencioné la gorra. No me importa quién esté lanzando ni cómo la usen. Yo solo intento ver de dónde sale la pelota, no estoy preocupado por cómo se ve su gorra».

El capricho del árbitro terminó ensuciando por completo el cierre del juego. Cuando Rincón fue relevado, Mármol le reclamó a Eddings la situación. En una evidente demostración de revanchismo, el umpire le cantó una violación al reloj de pitcheo al nuevo relevista de San Luis, Justin Bruihl, lo que provocó la explosión y consecuente expulsión de Mármol. Eddings olvidó su función básica: los árbitros están ahí para cantar bolas y strikes, no para ser la policía de la moda ni para reclamar el diamante como «su campo».

Sin embargo, el béisbol tiene su propia forma poética de impartir justicia y hermandad. El sábado, el diamante se convirtió en una protesta silenciosa. En una muestra de solidaridad con el novato, decenas de jugadores tanto de los Cardinals como de los Rockies saltaron a los calentamientos y permanecieron en los dugouts con las gorras descaradamente ladeadas. Los bateadores de San Luis incluso inclinaron sus cascos para celebrar tras llegar a las bases. Un mensaje contundente para Eddings y las Grandes Ligas: el juego, y el campo, le pertenecen a los peloteros.

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